Los retos de Manlio


Liébano Sáenz

En memoria de Roberto González Barrera

La designación del dirigente del PRI es un signo alentador para el partido y sus miembros, pero también para el conjunto de la política. Es un acierto que el Presidente Peña Nieto haya resuelto la renovación de dirigencia en el marco de la inclusión y el reconocimiento a quien ha contribuido al logro de los objetivos reformistas de su gobierno. Manlio Fabio Beltrones es un político de amplia experiencia y acreditada eficacia política; el Presidente, con su decisión, entre otras cosas, acredita el valor que el mérito debe tener en la política.

La inclusión es positiva en sí misma, en especial cuando se presenta en una de las áreas más sensibles de la política. Hoy por hoy, el humor social favorece a la alternancia y es imprescindible que el PRI sea dirigido por sus cuadros más experimentados y representativos a fin de generar en su interior -en unidad- un ánimo de confianza y fortaleza.

Pero la unidad interna de un partido hoy no es suficiente. La sociedad exige que los partidos finalmente volteen a ver el elefante en el cuarto: la corrupción. Todos los partidos han administrado sus crisis de corrupción, pero no parecen haber tomado acciones de fondo. Este relevo abre esa ventana de oportunidad; recordemos que Manlio fue impulsor decisivo en el diseño del Sistema Nacional Anticorrupción.

El PRI requiere ir más allá de sus propios temas, cuadros y simpatizantes. La sociedad se ha transformado acelerada y profundamente. Existe una crisis de representatividad no solo del PRI, sino de todo el sistema de representación (partidos, legisladores, Congresos, jueces, autoridades de los tres niveles de gobierno y cúpulas empresariales) que exige ser atendida con urgencia, independientemente del obligado propósito partidista de ganar votos y elecciones.

El PRI debe participar, lo más rápido posible, con las demás organizaciones para lograr una transformación que permita al conjunto del sistema político y de partidos, acercarse más a la sociedad. Es un tema de reglas, sí, pero también de actitudes, valores y decisiones. El espíritu de inclusión debe reproducirse dentro de los partidos y no nada más para los grupos o corrientes en su interior, sino para conseguir adhesiones de quienes están actualmente distantes o tienen reservas hacia el PRI y hacia cualquier otro partido. Es entre los jóvenes y las clases medias donde está el mayor desafío.

Ante el entorno crítico imperante, no basta con que el PRI sea el partido con mayor presencia territorial, estructura y cuadros. Como ha sucedido con candidatos independientes, es posible competir y ganar cuando el descrédito de los partidos –de todos- alimenta el deseo mayoritario de experimentar otras opciones. Así, las candidaturas independientes se vuelven un desafío para la competencia política y, sobre todo, para el sistema de representación fundado en partidos.

La tarea del PRI, como partido en el gobierno, se anticipa con claridad, especialmente en circunstancias dominadas por la competencia, gobierno dividido y críticas al poder público y al sistema en general. La experiencia y sensibilidad política de Manlio Fabio Beltrones le permite conciliar dos reclamos: por un lado, como abiertamente lo ha reconocido él mismo, el respaldo a la agenda política presidencial y, por el otro, el fortalecimiento de la relación con la sociedad. Uno de sus mayores desafíos será definir  las características que deberán cubrir las candidatas y candidatos del PRI para ser competitivos en un electorado mayoritariamente joven e incrédulo frente a la clase política.

Para reformarse, el gobierno requiere apoyo político en el Congreso y también en el debate público. No es tarea de las autoridades polemizar con sus críticos y sus opositores; eso corresponde a los representantes populares y al partido.  En el horizonte político se vislumbran nuevas circunstancias, mucho más complejas y posiblemente adversas, especialmente si la economía no despunta y no hay bienestar.  Así, y a pesar de estar frente a un escenario adverso y con problemas estructurales como la pobreza y la inseguridad, este gobierno ha sentado las bases para un mejor país. Queda en la política y las autoridades llevar hasta sus últimas consecuencias los avances alcanzados. Esta tarea debe comenzar con la ampliación del consenso nacional sobre los grandes objetivos del país y la definición de acciones para cumplirlos, tema crucial para la elección de 2018

Transformar y renovar la acción política es un asunto de estructuras y de organización pero también es una cuestión de agenda y, especialmente, de comunicación. En este proceso se ha impuesto un nuevo paradigma para cualquier género de comunicación a partir del formato digitalizado que hace que los contenidos se transformen en datos, además de los alcances impensables que tiene la comunicación digital en el que participa cada persona poseedora de un dispositivo móvil y un enlace libre con la red.

No se trata de desplazar las formas convencionales del ejercicio político, sino de complementarlas y enriquecerlas con los nuevos contenidos y formas de la comunicación. De hecho, Beltrones es un político que de tiempo atrás usa en forma eficaz tanto la red como los diversos canales. También ha sido promotor de una nueva generación de políticos que desempeñan funciones en diversas responsabilidades de gobierno y tareas legislativas.

El país se enfrenta a dos inercias contradictorias: por una parte, la política electoral es cada vez más local y, por la otra, la persistencia de un proceso de centralización del poder. La democracia se expresa en votos que se definen en estados, municipios y delegaciones, sin embargo, el proceso decisorio tiende a desdeñar la fuerza de las regiones y a concentrase cada vez más en la Ciudad de México. El PRI es el partido más capacitado para entender, conducir y conciliar este par de inercias, y especialmente, para darles un sentido hacia el bienestar social, la equidad regional y el progreso.

En puerta está el desafío de ganar los próximos comicios. Aunque los partidos están más allá de sus objetivos electorales, sumar votos es la misión del día a día. Los comicios de 2016 y 2017 deberán ser ganados no sólo con votos, sino con credibilidad, transparencia y con el respaldo legitimador de una sociedad convencida de que los partidos entendieron sus exigencias y en consecuencia, se transformaron.

Las próximas elecciones serán cruciales para todos los partidos especialmente porque representan la antesala de la elección general a tres años de distancia, que desde ahora se anticipa como uno de los grandes acontecimientos del devenir político de México.

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