“Los portafolios de los pobres”


Liébano Sáenz

¿Cómo atacar a la pobreza? ¿Cómo reducir la desigualdad? ¿Cómo enfrentar esta tragedia? Tal vez, en este mundo, no hay tópico más desgarrador que la pobreza ¡Qué infamia que haya personas que tiran comida mientras otras ni siquiera pueden poner un pan en su mesa! ¡Qué injusticia que el mundo sea tan desigual! ¡Qué desgracia vivir en un mundo tan dual, tan opuesto, tan extremista! Por un lado, están los ricos, la minoría; por otro, están los pobres, la mayoría. Según datos del Banco Mundial, 14.5 por ciento de la población en el mundo vive con 1.25 dólares al día y más de mil millones de personas deben sobrevivir, solamente, con poco más de un dólar.

Los portafolios de los pobres. Cómo viven los pobres en el mundo con $2 al día constituye la décimo séptima entrega del reto ‘Un año de libros’ propuesto por Mark Zuckerberg a principios de este año. Es un texto redactado por Daryl Collins, Jonathan Morduch, Stuart Rutherford y Orlanda Ruthven. Desde que el libro se publicó, en 2009, se ha convertido en un texto básico en el estudio de la desigualdad y la pobreza.

Reflexione por un momento: ¿en qué gastó, por última vez, 1.25 dólares? Probablemente invirtió esa cantidad en comprar el periódico y un café o, quizá, lo utilizó para pagar un estacionamiento; pero decir que hay personas que viven con 1.25 dólares al día es una verdadera tragedia ¿Cómo puede un ser humano sobrevivir con tan poco dinero? ¿Es posible subsistir con un ingreso tan exiguo?

¿Qué podemos hacer, como especie, ante una situación tan trágica? Es nuestro deber, como humanidad, solucionar esta creciente desigualdad que nos agobia, nos lastima y nos entristece. Si en verdad los seres humanos somos tan inteligentes, debemos encontrar una solución. No podemos permitir que haya alguna persona sin alimento, sin techo y sin agua. Lo justo, lo humano, lo ideal es que todas las personas puedan acceder a ciertos bienes y servicios que son indispensables para vivir.

Debemos reconocer hasta ahora, la pobreza ha sido más fuerte que nosotros. Ninguna política pública, obra de caridad o programa social ha terminado con la pobreza ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué no funciona ninguna de nuestras políticas? El libro Los portafolios de los pobres parece tener algunas de las respuestas que buscamos. Desde una perspectiva novedosa, sencilla y contundente, los autores de este texto explican algunas de las fallas que hemos tenido al enfrentar a la pobreza.

Para los autores, el combate a la pobreza no ha sido fructífero porque en ningún momento nos hemos puesto a analizar el tema desde la perspectiva de los pobres. Normalmente estudiamos cuál es la mejor política pública o programa social. Así, ideamos grandes y millonarios proyectos políticos que, al implementarlos, fracasan. Los debates sobre pobreza se centran, precisamente, en los flujos de ayuda y la condonación de deuda. Casi son inexistentes las discusiones sobre lo que los pobres podrían hacer por ellos mismos. Los autores son sumamente críticos en este sentido pues argumentan que no podemos analizar la pobreza desde nuestro cómodo lugar, desde nuestro sofá o escritorio. Es imposible construir una política pública eficiente sin inmiscuirse en el mundo de la pobreza.

Por ello, los autores de Los portafolios de los pobres decidieron hacer un estudio sobre las conductas de las personas con escasos recursos en tres países: Bangladesh, Sudáfrica e India. Así recopilaron una serie de datos que les permitieron entender cómo gastan los pobres sus ingresos. En primer lugar, a diferencia de lo que se cree, el estudio demostró que las personas de escasos recursos no gastan todo su ingreso. De hecho, suelen ser personas que ahorran constantemente. En segundo lugar, el estudio encontró que las personas pobres suelen solicitar préstamos cotidianamente para solucionar sus necesidades económicas. En tercer lugar, los investigadores hallaron que las personas pobres, casi siempre pagan sus deudas. Entonces, en resumen, los autores de Los portafolios de los pobres demostraron que las personas de escasos recursos: 1) ahorran, 2) contratan créditos y 3) pagan sus deudas.

Lo interesante del estudio es que, a diferencia de lo que se cree, se comprobó que las personas pobres, al ahorrar y pedir prestado cotidianamente, tienen una intensa actividad financiera. Así, las finanzas no solo son importantes para los banqueros y magnates sino que, al contrario, representan un pilar en la vida de los pobres. Los autores dicen que la administración financiera es más importante para alguien que no tiene dinero pues cada dólar invertido representa mucho y, por ende, debe invertirse eficientemente. Lo triste, aseguran, es que las personas de escasos recursos son discriminadas financieramente. De hecho, casi ninguna institución financiera les presta dinero o les permite abrir una cuenta de ahorro. Lo lamentable es que no solo son pobres sino que, además, son discriminados financieramente.

Los prestamistas, las casas de empeño y las empresas de microcréditos suelen cobrar altas tasas de interés a sus clientes quienes, en su mayoría, son personas de escasos recursos. Los autores de Los portafolios de los pobres argumentan que las altas tasas de interés generan un círculo vicioso que empeora la situación económica de las personas. Además de los préstamos, las personas pobres se enfrentan a pésimas herramientas para ahorrar dinero. En el siglo XXI es inverosímil que todavía haya personas que guardan su dinero debajo del colchón, pues, como todos sabemos, es sumamente peligroso y poco rentable. Lo justo sería que todo el mundo, sin importar su ingreso, pudiera tener acceso a una cuenta bancaria y, además, que por el manejo de dicha cuenta el banco no cobrara grandes cantidades.

Los autores sostienen que los tomadores de decisiones políticas en el mundo deben incentivar el desarrollo competitivo de las microfinanzas, es decir, de las casas de empeño, los microcréditos, las cajas de ahorro y el envío de dinero en efectivo. El Estado debe favorecer el crecimiento de las microfinanzas y, sobre todo, debe regular ese mercado para evitar las altas tasas de interés, la discriminación y los excesivos cobros bancarios. El Estado debe promover la inclusión financiera como un derecho fundamental de las personas.

En síntesis, Los portafolios de los pobres es un texto que aporta singularmente al estudio de la pobreza. El libro propone una nueva forma de entender a la gente con escasos recursos. El texto nos deja dos grandes lecciones: por un lado, nos enseña que cualquier política en materia de desigualdad, desarrollo social y pobreza debe favorecer el surgimiento y consolidación de las microfinanzas, es decir, cualquier programa de gobierno debe apostar por la inclusión financiera. Dejemos de creer que la pobreza se resuelve con despensas, estímulos básicos y programas de redistribución fiscal. Por otro lado, nos muestra que ser pobre no solo se trata de tener poco dinero sino, además, de entender cómo se vive en un mundo que discrimina, excluye, olvida y oculta. Se trata de coexistir en una realidad sin oportunidades ni alternativas de crecimiento. Mientras los sectores de bajos recursos estén alejados del sistema financiero no tendrán alternativa alguna de crecimiento. La pobreza es tema de todos, pues, como decía John Fitzgerald, si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos.

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