“El optimista racional”


Liébano Sáenz

El optimista racional. ¿Tiene límites la capacidad de progreso de la raza humana?, un texto de Matt Ridley, constituye la décimo novena entrega del reto propuesto por Mark Zuckerberg. En él Ridley expone la narrativa actual de la alarma mundial: todo está mal. Vamos por un pésimo camino como humanidad. Ya nada detendrá el cambio climático. La combinación de los polos derretidos, la capa de ozono, el calentamiento global y los gases invernadero terminarán por acabar con este mundo. Nos extinguiremos. Se acabó. En estos momentos tan difíciles, sólo queda recordar una canción de Luis Eduardo Aute: “esto se acaba, se acaba y no hay más que aceptar dignamente la ruina. Arde Lisboa, Venecia se hunde y se cae la Capilla Sixtina”. Aceptémoslo. Ya no hay solución para este mundo.

Y si no es el cambio climático, será otra cosa. Tenemos el SIDA, la obesidad, la pobreza, la extrema desigualdad o el terrorismo. No hay que dudarlo: si no nos morimos por problemas ambientales, será por obesos. O, tal vez, el mundo arderá en guerras ante la desgarradora desigualdad. También existe la posibilidad de que terminemos enajenados en nuestros smartphones, tabletas y computadoras. Por culpa de las redes sociales, el Internet y los videojuegos hemos perdido toda convivencia con la realidad y eso nos llevará al fracaso como especie.

Preguntémonos: ¿No es ese el discurso que escuchamos todos los días? ¿Nuestra vida no está invadida de un pesimismo agobiante y atormentador? ¿Es el triunfo de un renovado nihilismo que anidó en la posmodernidad? Sólo hay que encender la televisión para notar que las cosas no están bien. Parecería que vamos hacia el abismo. El mundo está inmerso en una sociedad de consumo sin precedentes que despilfarra y contamina.

¿En verdad estamos tan mal? ¿Por qué tenemos que seguir viviendo en esta renovada negación? El optimista racional nos puede ayudar a vislumbrar un mundo mejor o una perspectiva  diferente. Pero antes debo aclarar que no reseño un coffee book de autoayuda, ni estamos ante un libro que nos recomienda pegar frases de motivación en nuestro escritorio. Ser “optimista” no necesariamente significa ser iluso, inocente o torpe, como mucha gente cree. Recordemos que después de cierta edad la ingenuidad adquiere otros rasgos y otros nombres. Matt Ridley, con maestría, nos demuestra que se puede ser optimista con argumentos científicos.

El optimismo es algo que podemos emplear en cualquier faceta de nuestra vida y de manera personal. Sin embargo, el optimismo de Ridley va mucho más allá: Nuestro autor es optimista respecto de la humanidad. Según él, para el año 2110, es decir, dentro de menos de cien años, viviremos en un mundo mejor. El SIDA, la pobreza, la desigualdad, el cambio climático y el terrorismo desaparecerán de la faz de la tierra para ese entonces. ¡Qué maravilla! ¡Por fin estamos ante un autor que se atreve a pronosticar algo bueno para la humanidad!

Y de nuevo nos encontramos ante el escepticismo. Seguramente, muchos creerán que eso es imposible. ¿Cómo van a erradicar el SIDA tan rápido, se preguntan? Y es comprensible, pues, como se puede notar, vivimos en el discurso del pesimismo, del nada se puede, del nada mejora. Sin embargo, las cosas sí han mejorado. Y, precisamente, Matt Ridley, en El optimista racional, documenta ese progreso con una gran cantidad de estadísticas y datos sólidos.

Es complicado argumentar que las cosas no han mejorado desde 1815. Ahora, los seres humanos vivimos más años, tenemos electricidad, no tenemos que preocuparnos por una simple gripe y podemos alimentarnos a un menor costo y esfuerzo. No está demás mencionar que ahora es posible transportarse más rápido ¡De Londres a Nueva York en tan sólo ocho horas! Pero el escepticismo puede continuar. Probablemente, habrá quien argumente que no hemos mejorado nada porque sigue habiendo miles de millones de personas que, diariamente, se mueren de hambre. Sin embargo, ese argumento, para Ridley, no es válido, pues, en realidad, la gran mayoría de los seres humanos ahora come mejor. Es cierto, el hambre en el mundo es un problema, pero el número de personas que viven en pobreza se ha reducido a la mitad desde 1950.

Estoy seguro que, hasta ahora, todavía hay algunos que siguen escépticos. Por ejemplo, se puede argumentar que ahora los seres humanos deben enfrentar el SIDA. Y es cierto, pero, Ridley nos comprueba que el ser humano ha superado decenas de enfermedades en estos años.

Y, otra vez, la suspicacia podría continuar. Tal vez esa es la maravilla del texto de Ridley. El optimista racional, a través de sus cuatrocientas cuarenta páginas, tiene argumentos de defensa para todos los colores, sabores, preferencias políticas o religiosas. Y tiene argumentos, precisamente, porque parte de una visión racional del mundo. Ridley sostiene que es un optimista racional porque ha llegado al optimismo no a través del temperamento, el instinto o la metafísica, sino a través de la observación de la evidencia, siguiendo un método científico riguroso y preciso.

Si continúa receloso, lo invito a leer El optimista racional. Si no lo está, también lo invito a leerlo, pues todavía no le he contado la mejor parte. No se trata, sostiene Ridley, de solamente justificar con datos el progreso humano.  Es verdad que el mundo ha progresado desde el inicio de la historia humana, pero de ahí a decir que se van a erradicar las principales enfermedades en cien años hay mucho camino ¿Qué justifica el optimismo futuro de Ridley? ¿Cómo puede estar tan seguro de que seremos mejores? Ridley plantea una teoría innovadora y sensacional sobre la evolución y el apareamiento de las ideas. La propuesta de Ridley es una mezcla entre las aportaciones de Charles Darwin, por un lado, y Adam Smith, por otro. Entiendo que suena complicado mezclar a la biología con la economía. Sin embargo, Ridley, en El optimista racional, lo hace de manera extraordinaria.

La tesis central es que el progreso de la humanidad no es estático, esta guiado por el intercambio de ideas y mercancías a través de sociedades cuya ética pública redunda en gobiernos “eficaces” que permiten el desarrollo de la tecnología, la agricultura, la salud, el comercio, entre otros. Por ello, para nuestro autor las sociedades autónomas, han caído en el desgaste y el vacío con muy debatibles excepciones, contrariamente a las sociedades libres que han progresado hasta llegar al grado evolutivo en que nos encontramos. Según Ridley, “tal como el sexo hizo de la evolución biológica algo acumulativo, el intercambio hizo a la evolución cultural acumulativa y a la inteligencia colectiva…” Y ahí radica el motor del cambio. Y, por ende, el desarrollo humano.

Finalmente quiero hacer un comentario sobre la responsabilidad social. Si bien Ridley dice que en algunos años se solucionará el problema del cambio climático, no se trata de tirarnos en una hamaca a esperar las mejoras. Ridley, como buen científico, no piensa que el mundo florecerá mágicamente. El autor reconoce que mejorar el mundo significará, para la humanidad, un esfuerzo enorme. No se trata de que después de leer El optimista racional  empecemos a tirar basura porque según Ridley todo cambiara para bien. Si seguimos desperdiciando agua, contaminando suelos o deforestando bosques, las cosas solo empeorarán.

Desde la Ilustración hasta nuestros días han existido los apologistas de la razón, como Malthus para mostrar la permanente constante de la decadencia humana. El tiempo intelectual y cultural que predomina en nuestros días es claramente un tiempo de pesimismo, que se expresa  sobre todo en los medios masivos de comunicación. Sin embargo,  podemos mirar con un escepticismo constructivo la propuesta de Matt Ridley.

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