Buen inicio


 buen_inicio

Liébano Sáenz

Anular una elección es una decisión sumamente seria. En todo régimen democrático, repetir comicios por irregularidades -reales, presuntas o imaginarias- es una determinación que tiene muchas implicaciones negativas: primero, establece un precedente que anima a partidos y candidatos a jugar a una forma de segunda vuelta cuando el resultado les es adverso; segundo, anula una decisión ciudadana tomada y procesada en las urnas; y, en tercer orden, genera una pérdida considerable de energía y recursos, más aguda en un sistema electoral caracterizado por una organización profesional y partidos con prerrogativas excepcionalmente onerosas. En fin, la repetición de elecciones es un ejercicio inconveniente que debe ser realmente excepcional. En la decisión no debe contar la estrechez del resultado, es decir, las elecciones no debieran anularse argumentando una reducida ventaja del ganador.

En México, tres elecciones de gobernador han sido anuladas: una en Tabasco (2000)  y dos en Colima (2003 y 2015). En todos estos casos, el candidato ganador en los comicios originales repitió su ventaja en la votación extraordinaria. Los casos de Manuel Andrade, en Tabasco y, en Colima, Gustavo Vázquez e Ignacio Peralta, muestran la clara tendencia; aunque esta consistencia no ha desanimado a algunos candidatos perdedores ver en las elecciones extraordinarias una posibilidad de revertir su resultado desfavorable.

En México, la normalidad democrática ya se mide en décadas. La considerable inversión pública y social para tener organismos e instrumentos electorales confiables ha rendido frutos y ahora ya somos vistos como uno de los países con mayor fortaleza en ese rubro. Sin embargo, persiste la proclividad de malos competidores y, sobre todo, de malos perdedores.

Hay temas insuperables; por ejemplo, la inevitable inequidad en la contienda, los candidatos y los partidos no tienen la misma condición por razón propia de sus trayectorias diferentes; además, la ley no puede igualar lo que atañe a la realidad. Desde luego, deben evitarse los extremos de inequidad, pero esto no ha de conducir a la descalificación del resultado. Tampoco cuestiona la legitimidad ni la fortaleza del sistema electoral en su conjunto, la persistencia de prácticas indebidas como el clientelismo o la presencia de recursos públicos o privados al margen de lo que establece la norma. Sí hay problemas, pero son menores y no justifican la reiterada actitud de los candidatos y partidos perdedores de desconocer sistemáticamente los resultados. Un vistazo al exterior pondría en evidencia el infantilismo de muchos de nuestros actores.

La elección extraordinaria de Colima es un buen inicio, no solo para el PRI y para el  candidato que ratificó su ventaja con claridad y contundencia, sino porque las elecciones tuvieron lugar en condiciones de transparencia, equidad y legalidad. Fue la primera ocasión en la que el INE se responsabilizó de comicios locales, lo que favoreció la credibilidad en el resultado de la elección. Es muy relevante que el candidato en desventaja haya reconocido al día siguiente el resultado adverso, y también es apreciable el mensaje conciliador y de comedimiento del candidato ganador, Ignacio Peralta.

La contienda fue ruda en virtud de las posibilidades de éxito de los principales contendientes. Los candidatos y los partidos hicieron todo para ganar la batalla. Como ocurre en todo campaña electoral, la disputa por el poder fue enconada y los resultados mostraron la nueva realidad electoral del país. Con menos de un tercio de los votos, el PRI ganó la elección por la aportación de los sufragios del PVEM, Nueva Alianza y PT que significaron 10% de la votación. El candidato del PAN pudo haber triunfado con más de la mitad de las preferencias de haber celebrado coalición con Movimiento Ciudadano que resultó ser la tercera fuerza política con 12% de los votos. El PRI entendió bien el contexto electoral y esa visión fue crucial para el triunfo. Otro factor muy importante que merece ser destacado es que la participación en los comicios extraordinarios fue la misma que en la elección anulada.

Sí, hubo campañas de diferenciación y de ataque durante el proceso. Existe la idea, construida con una fuerte carga de ingenuidad y a veces de hipocresía, de que  los comicios deben ser una especie de concurso dominado por el comedimiento y las buenas artes del oficio. La realidad es que en ninguna parte del mundo las elecciones son un día de campo. La lucha por el poder no es cosa menor y tanto los partidos como sus candidatos deben disponer de libertad para su proselitismo, en los términos de ley y de un código básico de ética.

Es cierto que las campañas en la que los candidatos se agreden verbalmente, dejan saldos indeseables. Las elecciones terminan y una contienda enconada dificulta el reencuentro y la reconciliación. Allí está el ejemplo de las elecciones recientes en España donde las agresiones entre el Presidente Rajoy y el líder opositor, Pedro Sánchez, han dificultado las negociaciones para la investidura del próximo gobierno. En los momentos en que más se requiere un acuerdo entre los dos grandes partidos históricos para dar espacio a la gobernabilidad ante el amago del independentismo catalán, la situación se complica en detrimento del conjunto.

No solo son malos perdedores quienes se resisten a reconocer el resultado, también lo son aquellos incapaces de procesar la adversidad ni siquiera con la ayuda del tiempo. Por ello la contienda en México, más que poner fin a la elección, la reanuda y, para algunos, representa un nuevo comienzo. Menos deseable aún es que el ganador, a pesar del triunfo, lleve el agravio y el ánimo de revancha a su gobierno, y convierta su mandato en una guerra santa en contra de sus contendientes y de quienes participaron en condición de aliados. Los malos ganadores representan, por mucho, el efecto más pernicioso de la inevitable confrontación que se acompaña a la búsqueda del voto.

Por donde se vea, la elección extraordinaria de Colima es un buen inicio. Lo es por la calidad del proceso, sus resultados y desenlace. Además, es a todas luces significativa por constituir un precedente favorable para la docena de comicios de gobernador marcados en la agenda, aunque también es cierto que éstos no estarán a cargo de la estructura del INE, sino de los OPLES, cada elección tiene sus particularidades, su singular entorno y sus dinámicas propias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s