Vientos del norte


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Liébano Sáenz

La relación con el vecino del norte siempre ha estado en la lista de asuntos de alta prioridad para el país y sus ciudadanos. Tras una larga historia salpicada de momentos tensos y críticos, hacia el tercer milenio, hemos transitado a un marco de colaboración y corresponsabilidad que, sin embargo, no ignora las evidentes asimetrías económicas, las amenazas graves como el narcotráfico o los efectos de una histórica migración que, pese a no ser un fenómeno ajeno a la Unión Americana, ha transformado significativamente su sociedad y su cultura. Por mucho que el curso sea virtuoso persisten problemas de fondo que imponen una fuerte presión a las instituciones y a la misma legalidad.

El hecho es que ambos países están unidos más allá de una extensa frontera común.  Sus destinos están inexorablemente fusionados. En las tres décadas recientes, México se ha transformado para bien en lo político y en lo económico, aunque ha crecido la distancia entre pobreza y riqueza, tanto en personas como en regiones. Si partimos de que la migración ilegal es resultado de la incapacidad para brindar oportunidades de bienestar a millones de jóvenes, no parecen viables las propuestas de solución que atacan los efectos, como la construcción de muros y el incremento de vigilancia fronteriza. En cambio, habría que entender -y atender- que la migración es un movimiento incontenible derivado de las diferencias en el mercado laboral. La mejor y más efectiva respuesta tendría que ser el crecimiento económico, especialmente en las zonas más deprimidas del país. Aunque a muchos asombre y, ante el prejuicio aquí y allá, debe quedar claro que con la migración México pierde y EUA gana.

Desde esta perspectiva se aprecia la relevancia del Diálogo Económico de Alto Nivel México-EU celebrado el jueves pasado con la participación del vicepresidente Joseph Biden por la parte estadounidense y del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, por la mexicana. Los temas son amplios y también cambiantes. La coyuntura actual preocupa por los efectos que tienen sobre la economía global la baja del crecimiento en China, la caída de los precios del petróleo y la nueva dinámica de la inversión privada. Es la economía –y eso debe quedar claro– la que origina muchos de los problemas en la relación, lo mismo que las preocupaciones compartidas en términos de seguridad regional y global.

En la coyuntura actual, el ángulo económico es más influyente que el político, sin embargo es comprensible la atención que han generado las declaraciones del vicepresidente Biden, en especial, la de su repudio personal y el de su gobierno por los señalamientos hostiles del empresario Donald Trump hacia México. Las afirmaciones que hizo al concluir su encuentro con el Presidente Peña Nieto, no devienen de  diferencias partidarias sino de su abierto y evidente desacuerdo con lo señalado por el aspirante a la candidatura presidencial republicana en EUA.

Para sorpresa de muchos, Donald Trump se perfila para alcanzar su meta inmediata. La próxima semana será crucial. Los candidatos hablan para ganar y es posible que la retórica antimexicana persista –y no solo en voz de Trump- en la medida que reditúe votos. Habría que entender qué es lo que motiva que una parte de los electores afines al partido republicano sean persuadidos por una apuesta antimexicana. Lo más importante es saber si la mayoría de los estadounidenses suscribe esta postura agresiva y hostil.

Hay que considerar que dentro del propio Partido Republicano no todos comparten estas ideas e incluso hay quienes han criticado abiertamente la verborrea del empresario. En días pasados, el diario The New York Times refería las diferencias entre Donald Trump y la figura más relevante del Partido Republicano, Paul D. Rayan, jefe de la Convención Republicana. La incompatibilidad de la agenda de ese partido con la postura de Donald Trump es evidente. Entre ellos, hay diferencias irreconciliables en materia de libre comercio, política social y de incentivos en inversión inmobiliaria. Las opiniones también son discrepantes en temas de política internacional, especialmente en lo que se refiere al disparate de apropiarse de las reservas petroleras de Irán mediante intervención militar, a la neutralidad ante el conflicto entre Israel y Palestina o, desde luego, al tema migratorio.

En adelante, las circunstancias exigen un planteamiento diferente, uno que permita deducir si una agenda como la de Donald Trump, que por lo visto sí da para ganar la nominación, también es viable para alcanzar la Presidencia. Y es que en esta fase ulterior, son otros los electores que definen la votación.

Ante estas circunstancias, afirmaciones como las del expresidente Fox en rechazo tajante a la idea de elevar un muro entre las dos naciones o, aún más resonantes, las emitidas en sentido semejante por el Papa Francisco, son útiles para llevar a los candidatos a la moderación. Sin embargo, para contener la retórica antimexicana se requieren más voces influyentes, no únicamente en los círculos políticos o empresariales, sino en toda la sociedad, porque más valen estos testimonios si vienen de personas que poco tienen que ver con la política y todavía más si no son de origen mexicano. Hoy, más que siempre, el país requiere aliados.

Es hora de analizar muy en serio la posible evolución de la política norteamericana frente a México porque, tristemente, más allá de los excesos de lenguaje engolado y del oportunismo político, entre muchos norteamericanos sí hay una idea socializada sobre la inconveniencia de la relación y un desconocimiento de la aportación de los mexicanos a la sociedad, cultura y economía de su país. Es hora de pensar y de actuar en forma eficaz, sensata, inteligente para acreditar a nuestra nación y a sus habitantes.

Es posible que México haya quedado en medio de la contienda presidencial norteamericana, literalmente atorado. La moderación se aleja del horizonte de la competencia, la dinámica vigente puede propiciar que se cuestionen muchos de los pilares de la relación económica bilateral y también puede atizar el prejuicio y la falsedad como ya ha ocurrido en las primarias republicanas.

Al sur de la frontera con Estados Unidos, a México le corresponde proseguir su ruta por una mejor calidad de su democracia y una mayor fortaleza institucional. Las políticas de Estado serán cruciales y, frente a ello, la pluralidad deberá asumir su responsabilidad acreditando, ante todo, la unidad nacional. Será la mejor forma de contener los agitados vientos del norte.

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