Responsabilidad vs popularidad


responsabilidad_vs_popularidad

Liébano Sáenz

En memoria de Mónica Arriola Gordillo

Invariablemente la política plantea dilemas y con mucha frecuencia consisten en decidir entre lo que la gente quiere y lo que se debe hacer. El querer y el deber. El asunto, que no es tema menor, tiene que ver con la naturaleza del encargo. ¿Qué es lo que elige la mayoría votante? Decisiones concretas o una persona confiable a quien otorgan el poder de decisión. Esto es un mandato pleno.

Considero que los gobernantes y representantes populares son elegidos para decidir, no para transferir su responsabilidad a terceros. Las consultas públicas se escuchan bien y se miran mejor porque proyectan un halo de tolerancia y sensibilidad, aun cuando en muchas ocasiones solo son un medio para eludir decisiones. Consultar puede ser un recurso útil y conveniente siempre que no sea utilizado para evitar asumir una postura o tomar una determinación. Hay temas técnicos o de particular complejidad que reclaman la opinión de expertos y la expresión pública o privada de los interesados. Sin embargo, las buenas decisiones no siempre son las más populares. Eso hay que asumirlo porque un gobierno que actúa siguiendo el pulso de la veleidosa opinión pública, es un gobierno sin rumbo y sin destino. Además, para ello están los medios de democracia directa.

La política exige un piso mínimo de responsabilidad y sobre él deben asentarse todos los asuntos, sobre todo, los delicados. El problema no es el disenso, mucho menos el debate; la enfermedad común que envilece a la democracia es el oportunismo, esa predisposición a actuar o decidir en función de complacer, olvidando la misión de resolver con todo y el probable costo de incomprensión o rechazo. Efectivamente, hacer lo debido en ocasiones riñe con lo aceptable. Incluso seguir la veleta de lo popular puede llevar a decisiones contrarias al interés público y al bien común.
Desde esta perspectiva, se puede entender mejor el contexto que llevó a revertir una de las mejores decisiones, si bien incómoda, para mejorar la calidad del aire del Valle de México: la restricción vehicular del programa Hoy No Circula.

Los resultados están a la vista. La reversión del deterioro ambiental acredita a la medida como ejemplo de una decisión responsable pero ingrata. Lamentablemente, hoy, el Valle de México nuevamente padece problemas serios en la calidad del aire por efecto de otra decisión, quizá popular, pero claramente perjudicial para la salud pública.
Los hechos refieren a la iniciativa de la dirigencia del PAN en el DF presentada en 2014 para rechazar los programas Hoy No Circula y el de la Verificación Vehicular Obligatoria. El dirigente del PAN, Mauricio Tabe Echartea invitó a los inconformes a solicitar un amparo colectivo e incluso se dieron facilidades para obtener un formato general en el sitio web del PAN capitalino. El 29 de agosto de ese año, una juez federal resolvió un amparo que permitía al quejoso verificar su vehículo sin importar el año o modelo de su auto. El holograma únicamente dependería de las emisiones de gases.

La decisión judicial derivó en la modificación del programa Hoy No Circula para permitir la circulación diaria de vehículos viejos. Así, 600 mil autos y camionetas salieron sin restricción a las calles. La pérdida de fluidez en el tráfico y el aumento de vehículos contaminantes no tardaron en reflejar sus consecuencias negativas en la calidad del aire. Una decisión que por décadas probó su efectividad había sido revertida. No queda claro si eso dio votos al PAN en la elección de 2015. Por los resultados creo que no fue así. Lo único evidente fueron las serias repercusiones en la población.

Los promotores del cambio pueden aducir la injusticia que la medida representa para los vehículos que sin ser modelos recientes no contaminan, y el hecho de que los vehículos nuevos no están exentos de tener emisiones altas. Puede ser, pero las políticas públicas se validan por sus efectos. También estimo que dicha determinación impuso una seria presión al programa de verificación vehicular, lo que propició corrupción y el consecuente pase de vehículos contaminantes. Además, la sola acción de incrementar el parque vehicular afecta el tránsito y, en consecuencia, genera más contaminación.

Es digno de ser considerado el argumento que resalta la inequidad de tener un vehículo de modelo viejo que no contamina respecto de uno nuevo que tampoco lo hace. De hecho, es probable que esto haya llevado al juzgador al conceder amparo; sin embargo, la decisión no previó el efecto colateral y concreto: el grave deterioro de la calidad del aire.

El Presidente Enrique Peña se ha referido al tema y ha llamado al acuerdo a entidades y órdenes de gobierno para definir una nueva norma emergente. También ha instruido al Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Rafael Pacchiano, para que en un plazo de 60 días se apliquen medidas complementarias o correctivas a los programas ambientales en coordinación con las entidades del Valle de México. La atención está centrada en mejorar la tecnología de los Verificentros y la calidad de las revisiones para reducir la circulación de vehículos contaminantes.

Las decisiones a considerar son múltiples. Una, obligada, tiene que ver con el aumento considerable de la inversión en el transporte público y el fomento al uso de transportes verdes como la bicicleta. Mucho es lo que se ha hecho pero aún hacen falta más acciones y también se requiere que la sociedad tenga mayor capacidad de alerta frente al populismo de políticos y los reclamos vociferantes y desproporcionados de la ruidosa minoría.

Algunas megalópolis han establecido el pago de un impuesto o derecho para transitar en el primer círculo de la ciudad. Esta medida, que bien puede ser incómoda, tiene muchas virtudes, sobre todo si se acompaña de un transporte público mejorado y de incentivos para el uso de bicicletas, una medida muy razonable si se considera que la Ciudad de México tiene uno de los mejores climas del mundo.

Las exigencias actuales de buen gobierno implican mayor responsabilidad. Las autoridades no deben temer al rechazo o la crítica si de por medio está el cumplimiento del deber. Ante los dilemas políticos, las decisiones que benefician a la mayoría de la población deben ser las elegidas. Es el caso de la que convoca a mejorar la calidad el aire en beneficio de quienes vivimos y disfrutamos la Ciudad de México.

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