Un mundo sorprendido


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Liébano Sáenz

“Este referéndum demuestra que los movimientos insurgentes de la política pueden tomar un país. Entramos en una era de una imprevisibilidad insólita y de gran ansiedad.”  Tony Blair

 

El futuro pleno de incertidumbre, riesgos y desafíos, solo sorprende a quien se ha instalado en la frágil expectativa de la inmovilidad. Los eventos y acontecimientos se precipitan a velocidades inéditas. Todo un reto para la imaginación porque el cambio es la constante. Aquellos que, desde sitios privilegiados participan en las decisiones o responsabilidades, están obligados a enfrentar la realidad con su compleja e intensa dinámica. No hay forma simple de entenderla y los instrumentos convencionales que la describen también están en crisis.

Lo ocurrido el pasado jueves en el referéndum de Gran Bretaña es un hito que conduce al mundo hacia la incertidumbre, y no solo a ese país y a la Unión Europea (UE). Por cierto, no deja de ser una lección útil el que en una de las decisiones históricas de mayor importancia se haya decidido que no hubiera encuestas de salida para anticipar en los medios el resultado de la consulta. Uno de los países con mayor tradición de libertad de prensa y derecho a la información no tuvo inconveniente en esperar más allá de la media noche para conocer el desenlace.

También llama la atención la madurez con la que los estadistas asumen el resultado. Al anunciar su renuncia a partir de octubre, el mismo Primer Ministro ha dicho que el cambio es necesario para que otro gobierno asuma la decisión democrática. La canciller Ángela Merkel, quien tomó la decisión con pesar, reconoce que es un punto crítico de inflexión para la integración europea. El líder de Francia, Francois Hollande, señala que los lazos que unen a ambas naciones obligan a construir una nueva relación que permita mantener la colaboración, y advirtió que lo ocurrido en el Reino Unido ratifica la necesidad de transformar a la UE. En tanto, el Presidente Obama ya dejó claro que tanto la UE como Inglaterra continuarán siendo socios indispensables.

Lo que parece no previó el gobierno inglés, tampoco los promotores de la salida de la Unión Europea fue la respuesta de sus repudiados asociados, quienes en voz del presidente del parlamento europeo Martin Schulz, dijeron que es necesario dar prisa al proceso para que Inglaterra abandone a la brevedad a la UE. Asimismo, resultado del interés de los habitantes de Escocia e Irlanda del Norte, ahora, se reactiva el separatismo en ambas regiones, la primera ministra de Escocia habló sobre un posible referéndum para que Escocia continúe siendo parte de la UE y deje de ser miembro de la Gran Bretaña. Mientras, como se había previsto, Inglaterra transita a una seria crisis económica y política. Queda por saber si quienes votaron por la salida previeron lo que provocaron.

El resultado del referéndum supone serias y abundantes implicaciones políticas para el mundo. En lo que se refiere a México y al mundo, aquí señalamos hace meses que vivimos  tiempos antisistémicos. Ello explica que Donald Trump aplauda el resultado separatista y haga propio el ánimo nacionalista que mueve la voluntad mayoritaria. Su argumento es que Inglaterra recuperará su independencia y autonomía, en una implícita referencia a su  propuesta de que Estados Unidos redefina su relación comercial, migratoria, política y militar con el mundo.

Debe preocupar –y mucho- el resurgimiento de los nacionalismos de los países poderosos. Es inevitable que se asocien a un sentido hostil a la integración multiétnica con implicaciones xenofóbicas. En gran parte del mundo la democracia y las libertades han ganado terreno; sin embargo, quizás con la diferencia de Alemania, no hay una determinación clara por la inclusión étnica y cultural. Parte del éxito de Donald Trump descansa en su postura xenófoba. El nacionalismo de la ultraderecha gana terreno en Europa: en Austria colapsa el bipartidismo y la ultraderecha se arropa en el patriotismo; en Holanda el partido racista Geert Wilders que propaga el rechazo a los extranjeros, especialmente a los musulmanes, tiene ventaja en las intenciones de voto y en Bélgica, derivado de los ataques terroristas, la extrema derecha cultiva el miedo y el rechazo al gobierno. Otros países de la UE podrían seguir los pasos de Inglaterra.

Desde su propia realidad, en México también es evidente una poderosa inercia ante el cambio, con sus múltiples expresiones y causas. Los niveles de insatisfacción e indignación por el estado de cosas crecen de manera considerable. Esto puede ser un motor de transformación y mejora, pero también implica el riesgo de alentar propuestas extremas que, sustentadas en el odio y la frustración, arrollen lo mejor que tenemos. Las instituciones democráticas como los partidos y los órganos legislativos padecen un severo descrédito. La desconfianza y el disgusto por lo que existe no solo confluyen en los gobiernos, también se trasladan a medios de comunicación, empresas, Iglesias y muchos otros referentes que en el pasado eran factores de cohesión social.

La realidad no debe sorprendernos y la incertidumbre también es fuente de oportunidades. Lo más razonable es identificar las causas del descontento y participar del deseo de cambio con claridad de objetivos y propósitos. En México hay mucho que mejorar y más que construir. La energía que produce la inconformidad debe volverse  recurso útil para la transformación del país, no solo en su sentido formal o institucional, sino en la conformación de nuevos hábitos y actitudes que sirvan como aportación para una  cultura mejorada de convivencia, libertades y desarrollo.

Para ello no solo basta tener claridad de objetivos, también se requiere un sentido de los límites a fin de que la protesta, la inconformidad o la participación no excedan los cauces de civilidad, ni tampoco sean caldo de cultivo para la manipulación y la construcción de proyectos de odio. Además de plantear los puntos de rechazo, también es necesario valorar lo que se reemplaza y, especialmente, lo que se pretende.

Efectivamente, los desafíos y riesgos que impone la incertidumbre deben ser oportunidad para modificar positivamente lo que existe. Lo necesitamos porque pese a indiscutibles avances como la alternancia en la Presidencia, la desconcentración del poder, la ampliación de las libertades y las reformas en diversos temas fundamentales para el país, hoy por hoy seguimos en un ciclo discutiblemente virtuoso de esperanza y desencanto. El cambio deseable consiste en convertir la inconformidad en fuente de transformación próspera.

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