El ritual y las instituciones


el_ritual_y_las_instituciones

Liébano Sáenz

En momentos de cambio, es de esperarse el desdén a las instituciones y a los rituales que las acompañan. Es natural que así suceda, porque el deseo de cambio se acompaña del anhelo de superar el estado de cosas. La sociedad se ha ido transformando con rapidez y es materia de supervivencia adaptarse al cambio. Así, los medios de comunicación convencionales se ven obligados a participar en la comunicación digital. La Iglesia Católica, la institución milenaria por excelencia, también va adoptando cambios en forma y fondo. En semanas recientes somos testigos de la manera como las televisoras hacen un esfuerzo con el propósito de mantener auditorio frente a la competencia de los medios alternativos.

El desafío es considerable. Muchos problemas son de vieja factura, pero adquieren una nueva dimensión con las formas de convivencia, interacción y comunicación actuales. La ola del descontento es mayor, considerablemente mayor y no solo en México, cuando son muchas las realizaciones de nuestro tiempo. Hay muchos problemas e insuficiencias, pero ahora son realidad no un anhelo la democracia, las libertades y una relativa mejoría en la calidad de vida de la mayoría. Pero el estado de ánimo social no está gobernado por las estadísticas, sino por las emociones. Y esto es un proceso mucho más complejo que la expresión lineal de los números.

En tiempos de crisis, aunque la inercia del cambio lo desdeña, el ritual tiene mayor valor y funcionalidad. Una democracia adquiere fuerza y cauce a través de las instituciones. Debe preocupar que los pilares fundamentales de la democracia representativa no cobren arraigo y para algunos sean expresión misma del problema. Los funcionarios electos, los órganos legislativos y los partidos políticos están en el centro del debate. La disputa política llevada con ligereza hace que sus actores no adviertan la profundidad del deterioro que les acompaña. No solo son temas de falta de probidad que recrean en el imaginario popular el prejuicio de que la política es el espacio de la corrupción y el lodo. También cuenta mucho la percepción pública sobre el desinterés de los políticos sobre lo que anhelan y preocupa a las personas y las familias.

Contener el deterioro de las instituciones de la democracia es urgente. Es hora de generar un sentido compartido de que es necesario acreditar y preservar lo que a todos sostiene. Alimentar el apetito de causas partidistas o personales, generalizando el prejuicio popular negativo sobre lo público, como lo ha hecho de manera consistente Andrés Manuel López Obrador, se vuelve contra todos, incluso contra él mismo y su partido. Decir que todo está podrido a manera de diferenciarse, solo logra acreditar lo primero. Un estudio de percepción sobre la resistencia de López Obrador a debatir públicamente con sus pares o las deficiencias de su reporte 3 de 3 revelan que para la abrumadora mayoría el dirigente de Morena está en el mismo lugar de lo que él con tanta vehemencia repudia y rechaza.

Las instituciones no solo importan para dar un piso de fortaleza al país frente a las crisis. También son esenciales para que los hombres en el poder puedan acrecentar su aportación, o para que sus insuficiencias sean atenuadas por el poder del conjunto. Por esta consideración debe haber un sentido de cuerpo que ofrezca atención y cuidado a la institucionalidad democrática y a sus rituales. Así es la democracia y es aleccionador ofrecer atención a la manera como operan y funcionan las democracias representativas más consolidadas. Allí el ritual adquiere singular relieve, así como la fuerza y el poder de las instituciones, incluso para contener el exceso y la fragilidad de los empoderados.

Donald Trump ha sido calificado de tirano. Su retórica populista e intolerancia da para ello, pero no es el caso, ya que es un candidato de partido y busca ganar el poder sometiéndose a la institucionalidad democrática. Es un demagogo que en el afán de hacerse del poder invoca los sentimientos más elementales de las personas como son el miedo, el rechazo al diferente y la pretensión de soluciones mágicas o fáciles a los problemas complejos. La demagogia electorera es un problema de todas las democracias y no es exclusivo de los candidatos radicales. Lo importante es la contención al momento de ejercer el poder y esa es la virtud mayor de la institucionalidad democrática.

Precisamente por esta consideración, en los momentos difíciles por los que transita México, debe fortalecerse el régimen institucional. No es una postura conservadora; al contrario, para que el cambio cobre fuerza, cauce y sentido, es preciso que se haga en el marco de las instituciones. Debe preocupar el radicalismo que descalifica al adversario y al gobernante, pero es mucho más pernicioso cuestionar en sus fundamentos a la institucionalidad que permite la competencia civilizada por el poder, el ejercicio de las libertades con respeto a las de terceros y la contención a la arbitrariedad de quienes formal e informalmente tienen poder.

Lo anterior ratifica la necesidad de un mayor compromiso por la legalidad que vaya mucho más allá de la retórica. La ley debe prevalecer, incluso la que es percibida como injusta. En todo caso, para eso existen medios jurisdiccionales para ajustar la norma y su aplicación a lo que determina la Constitución o bien la actuación del poder legislativo para corregir, mejorar o anular las normas inaceptables por su evidente disfuncionalidad o injusticia.

La fuerza del ritual democrático y de las instituciones adquiere fuerza con una sociedad que aprecia con su práctica el respeto a la norma. Ya se sabe que la ambigüedad frente a la legalidad es una de las debilidades de la sociedad mexicana. Sin embargo, debe quedar claro que la ley es la mejor garantía en toda circunstancia, mucho más en los momentos en los que tiende a crecer en la población la incertidumbre, preocupación o indignación. Por eso, los políticos y los empoderados deben ser los primeros en acreditar el cumplimiento con la ley.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s