A propósito de encuestas


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Liébano Sáenz

De siempre he tenido la impresión de que, en ocasiones, las cifras agregadas en el nivel nacional inducen a la falsa idea de que México es un país homogéneo. Como norteño de origen y habitante de mucho tiempo de la generosa y hospitalaria Ciudad de México, he tenido en claro las diferencias significativas entre los mexicanos de mi tierra o de muchas otras partes, respecto a quienes vivimos en el centro del país. La didáctica del examen propio me ha ofrecido la ruta para entender mejor la realidad de México a partir de la suma de ese extraordinario mosaico cultural, geográfico y social que es nuestra nación.

Hace tiempo, con esta preocupación presente, en Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) elaboramos una primera encuesta nacional de evaluación de autoridades, actitudes políticas y temas de interés, como son valores, cultura fiscal, identidad nacional, etcétera, que era la suma de 32 encuestas locales, una por cada entidad. En el mes de septiembre presentamos la décima edición de dicho proyecto, ahora ya maduro, una aportación de la empresa que presido, que tiene como propósito conocernos mejor, vernos en el espejo de las percepciones que también son realidad.

El martes 4 de este mes de octubre, presentamos el reporte en su quinta edición llamado “Las ciudades más habitables 2016”. Es un estudio que se realiza entrevistando a 30,400 personas de 76 demarcaciones, todas las capitales y los municipios más poblados, así como las delegaciones de la Ciudad de México. La información de más de 30 preguntas integran 3 índices: calidad de vida, satisfacción con servicios municipales y, evaluación de autoridades. Con ello ofrecemos una aproximación de respuesta al tema las mejores ciudades para vivir desde la perspectiva inapelable de los habitantes o gobernados de tales territorios.

Los grandes volúmenes de información requieren de herramientas para su selección, análisis e interpretación. Treinta mil 400 encuestados nos ofrecen una información muy rica y compleja. Es una oportunidad singular entenderles y escucharles. Por ello, para los dos estudios se elaboró una aplicación digital que facilita el ejercicio, una aportación más de GCE al conocimiento y a la tecnología que por su relevancia se ofrece de manera libre y gratuita al público http://xdata.gabinete.mx/#/mapa .

Son muchas las conclusiones allí presentes. Corresponde a cada interesado discurrir en ellas. Con el auxilio de la tecnología, el estudio se vuelve un texto abierto, con muchos puntos de entrada y de salida. Las  interpretaciones relevantes tienen que ver con un asunto de reflexión intelectual y política respecto al descontento y la singularidad del ánimo social existente. La mayoría de los mexicanos están a disgusto; son minoría los que sienten que el país va avanzando, y la exigencia hacia las autoridades es abrumadora. Se perciben causas que recorren todo el espectro social como es la inseguridad, pero también está la economía. En el análisis a detalle, especialmente entre la población con más educación y hábitos de uso de medios digitales, la corrupción está en el centro de la preocupación ciudadana.

La reflexión sobre las razones, causas y alcance del malestar social de estos tiempos cobra vida y expresión en el juego de las cifras que enuncian el sentimiento de miles de mexicanos, representativos del universo social y cultural mexicano. Todo ejercicio con base a percepciones es debatible, porque los niveles de exigencia y de satisfacción tampoco son homogéneos en el territorio nacional. Pero lo que se presenta es un una herramienta que facilita el empoderamiento de los gobernados; su opinión es la fuente del ejercicio estadístico. Y por el otro lado, también sirve al gobernante como instrumento de medición de la eficacia de su gestión.

En las capitales y grandes ciudades del país 43% de los encuestados sienten que el país va retrocediendo y 42% perciben que estamos estancados. En el segmento de jóvenes, varones y sin actividad laboral, 53% dicen que México va retrocediendo. Menos de 14% piensan que va avanzando. La opinión no es pareja: el desaliento y pesimismo se desborda en Tlaquepaque, Chilpancingo, Oaxaca, Apodaca, León y las delegaciones de Tlalpan y Magdalena Contreras. Aunque elevado, es significativamente menor en Mazatlán, Tijuana, La Paz, Tapachula, Ciudad del Carmen y Coyoacán.

Es útil que los mexicanos nos veamos en el espejo de las percepciones; más que nadie quienes tienen poder. El país se encamina a un punto de quiebre. La crisis es real y profunda. Atañe a todos, pero mucho más a quienes tienen una situación de privilegio para contribuir y hacer realidad un cambio virtuoso. La crisis bien puede ser momento fundacional para construir un mejor país. La insatisfacción y la indignación pueden ser la energía que se requiere para transformar y dejar atrás muchas de las insuficiencias que con terquedad enferman al cuerpo nacional y que anulan o afectan muchos de los logros del pasado reciente, especialmente haber transitado a una democracia plena y con amplias libertades formales.

El cambio no es opción, es cuestión de supervivencia. Ocurre en todos los rubros de la vida personal y en la política o la economía. La sociedad mexicana se ha ido transformando, las exigencias y las expectativas son considerablemente mayores ahora y eso no es del todo malo. También hay un cambio cultural que nos hace más individualistas y que genera vínculos y formas de participación a través del mundo digital. Compartimos mucho y hablamos con muchos pero estamos cada vez más solos y más aislados.

Pareciera un contrasentido, pero para preservar hay que cambiar. Para hacerlo bien se necesita tener claridad de lo que se pretende y quiere, para que la transformación no se revierta y afecte lo fundamental. Cambiar es un desafío, pero también una insoslayable necesidad. El examen de lo que existe debe ser amplio, profundo y debe incluir prácticamente todo.

Las instituciones son la mayor fortaleza de una nación para transitar y conducir el cambio. Quienes las representan requieren de visión y apertura para que la transformación fluya y sea virtuosa. También se necesita generosidad y perspectiva para que lo que venga se acompañe del entendimiento y haga de la diversidad social y política su fortaleza.

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