Construyendo un nuevo inicio


construyendo_nuevo_inicio

Liébano Sáenz

Las dificultades y la incertidumbre que enfrenta el país ofrecen una oportunidad singular para un nuevo inicio. De haber visión y convicción, es muy probable que pueda significar el punto de partida tan esperado por generaciones de mexicanos. La adversidad nos abre la puerta a la oportunidad y es necesario evitar las salidas en falso o lo que es peor, la parálisis. Cruzar el umbral es un reto, y hay que mantener siempre la vista en el horizonte.

Un elemento a considerar para dar pasos en firme, es reconocer que tenemos una nueva sociedad, más demandante y participativa, mientras que el consenso sobre lo que existe es frágil y precario.  La situación entonces va a reclamar mucha inteligencia para lograr un equilibrio entre lo mucho que tenemos que cuidar y mantener, y el deseo de cambio arrollador que por su parte, tiene una agenda amplia de mucho que corregir y transformar.

El momento clave será el 1º de octubre de 2018. Las condiciones para un gobierno con legitimidad y muy probablemente de coalición, deben construirse desde ahora. No se trata de anular la competencia, es decir, que distintos proyectos puedan disputar en libertad y con la vehemencia propia de la competencia por el poder, la oportunidad de ganar la representación legislativa o el gobierno nacional. El objetivo es construir desde ahora un entendimiento para que la elección transite en términos de normalidad y que la concordia y la reconciliación sean fruto del equilibrio político que determine el voto popular.

Todos tenemos responsabilidad, particularmente los actores centrales que son los partidos y los prospectos de candidatos; también las autoridades, principalmente el INE y el Tribunal Electoral y, desde luego, el Presidente de la República y los mandatarios estatales. La sociedad también tiene un sitio relevante en el entendimiento a construir: los medios de comunicación, singularmente, los concesionados del Estado y la sociedad organizada: organismos empresariales, sindicatos, etc.

Es preciso destacar que en toda la historia de México solo existe un precedente de relevo de gobierno al margen de crisis, sean económica, política, social o de confianza, de Guadalupe Victoria hasta Peña Nieto. Las elecciones de 2000 son esa excepción. Lo alcanzado en ese entonces no fue fortuito, tuvo diseño y fue exitoso en la medida en que todos los competidores reconocieron el resultado, hubo un desempeño incuestionable del órgano electoral, además de un ambiente generalizado de orgullo y optimismo por los comicios. Nada de ello ha vuelto ocurrir en las dos elecciones presidenciales subsecuentes.

Hay lecciones que se deben aprender de nuestro pasado y de lo que ocurre en otros países. Por ejemplo, definir con claridad el papel que debe jugar la Presidencia en ocasión de los comicios. En EU, de siempre, el Presidente es un actor relevante del proceso comicial. Se entiende, desde el momento mismo que existe la reelección presidencial; también, por la fuerza que tienen las Cámaras federales y los poderes locales. El Ejecutivo allá es, en muchos sentidos, un poder acotado por la sociedad misma. No es el caso de México, aunque también hay límites, pero la tradición y la realidad hacen ver al Presidente como el gobernante de todos. El poder presidencial y el del gobierno no están diferenciados como sí ocurre en muchos otros regímenes análogos.

Por lo anterior, considero que el Presidente, sin rehuir de su afinidad política y partidaria, y sin renunciar al derecho que le corresponde de defender las realizaciones de su gobierno, debe mantener distancia y una actitud de prudencia para no verse involucrado en la contienda constitucional y así garantizar condiciones de imparcialidad por parte del gobierno. Los servidores públicos tienen derechos políticos y es su privilegio constitucional participar con libertad y sin condicionamiento partidario, pero eso es distinto a disponer de los recursos institucionales o de carácter público. El Presidente también tiene salvaguardado su derecho de ejercer el liderazgo de su propio partido, pero por situaciones propias de la naturaleza de la política, sólo hasta el momento de la definición de su candidato presidencial.

Un tema crucial para el titular del Poder Ejecutivo es trascender la inercia de la exclusión o la intolerancia hacia un candidato en particular. Desde ahora hay que acreditar el derecho a participar por quienes se van perfilando para disputar las candidaturas o, en el caso de López Obrador, quien tiene la adhesión abrumadora en su favor al interior de su partido. Institucionalmente no debe haber enemigos o adversarios a anular. El derecho a aspirar y a competir es válido al interior de los partidos respecto a la competencia interna por la candidatura y, desde luego, también es fundamental el respeto institucional que merecerían en su momento todos los candidatos en contienda. Se trata de garantizar el derecho a competir en términos de equidad, seguridad personal para los contendientes y trato equitativo. Insisto: no debe haber candidatos intencionadamente descalificados.

La necesaria concordia, reconciliación y legitimidad, si se logra, será resultado de lo que desde ahora se construya. La unidad de los mexicanos ahora más que nunca es fundamental para hacer, defender y proteger el sistema institucional. Esto es lo que desde ahora se debe avizorar como parte fundamental del futuro deseable. Por lo pronto, es propio de la política no solo la pretensión de ganar, también la preocupación de perder. Los intereses en juego pueden sentirse amenazados o reafirmados por el desenlace de la elección. Esto es propio de la realidad y de la diversidad del país. Parafraseando al político y periodista Sanguinetti, con o sin alternancia, el cambio virtuoso transita administrando bien dos sentimientos, el miedo de los que se van y la impaciencia de quienes llegan. Bien administrar significa que desde ahora exista un piso básico de respeto y de institucionalidad democrática para llevar adelante la contienda formal y no formal. La política y la competencia por el poder transitan por muchos veneros y es preciso cuidar su cauce, sentido e intensidad.

Tengo la convicción de que frente a la adversidad o incertidumbre, un mejor porvenir se perfila. Una oportunidad que nos corresponde a todos convertirla en realidad y así construir al anhelo justo y obligado de un mejor país.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s