La persistente inseguridad


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Liébano Sáenz

Lamentable, dolorosamente, la inseguridad es más que la imagen de una joven senadora golpeada por un grupo de maleantes en un incidente carretero que pudo ser mucho más grave. Bien que la sociedad se indigne por el evento, pero el problema va mucho más allá. El intercambio de secuestrados en días pasados, también es muestra de la situación en la que complicidad social se entrevera con la incapacidad de las autoridades locales en hacer valer la ley. La situación es delicada y no debe minimizarse.

El balance es obligado. No es para condenar con frivolidad, tampoco para volverlo argumento en la disputa anticipada por la candidatura presidencial. La situación llama a una reflexión serena que nos diga dónde estamos, qué ha funcionado bien y qué es lo que tendrá que hacerse para mejorar. La desesperación o el arrebato poco ayudan. Mucho mejor resulta en estos días pensar con seriedad y abordar la solución que seguramente contendrá muchas acciones, en muchos frentes, por muchos actores.

Todos somos responsables de la seguridad, pero no todos lo somos en igual medida. Primero que nadie están las autoridades. La persistencia de los delitos del fuero común y en algunos lugares su agravamiento, hace entender que las instancias locales son las que más deben hacer. Las policías; la procuración de justicia o investigación de los delitos y asignación de presuntas responsabilidades; el sistema de justicia y el régimen carcelario son una cadena que debe revisarse en sus propios términos y en su relación con el delito.

En este espacio desde hace tiempo hemos insistido en la tesis de que el centralismo ha perjudicado seriamente al cuerpo nacional, que la calidad del gobierno y de los servicios básicos, uno de ellos el de la seguridad, depende de autoridades locales eficaces y con los elementos a su alcance para cumplir sus responsabilidades. El país ha destinado mucho dinero a la seguridad, los estados quizás como nunca han tenido oportunidad de invertirlo para tales objetivos. Sin embargo, la magnitud del problema rebasa por mucho lo destinado. Además se requiere modernizar y mejorar la administración para que los recursos sean adecuadamente aplicados.

La solución debe construirse a partir de la base. La policía de acercamiento es fundamental para mejorar la situación. No solo se requiere adiestramiento y equipamiento, sino dignificar al policía con mejores sueldos y prestaciones. La comunidad debe participar para que la policía cuente con respaldo social. Es mucho lo que debe hacerse de forma tal que el orgullo de la profesión de policía se origine en el mismo reconocimiento social al policía y su familia. La sociedad se ha acostumbrado a demandar y exigir de sus fuerzas de seguridad, pero se ha alejado de otras actitudes básicas como es el reconocimiento y la gratitud hacia quienes hacen una labor de alto riesgo que es fundamental para el bienestar de las familias.

El debate nacional debe poner en el centro de la mesa los recursos financieros que se requieren para mejorar la calidad de las policías municipales y estatales. Exponer con claridad de qué tamaño es el esfuerzo que debe emprenderse, los mecanismos de evaluación permanente y el tiempo que habrá de llevar para lograrlo. La tecnología nos ofrece herramientas fundamentales para mejorar la vigilancia y la supervisión. También para contar con mecanismos permanentes que ofrezcan claridad y certeza de lo que se está haciendo, de la correcta aplicación de recursos y el logro de metas y objetivos. Con ello quiero destacar que hay dos elementos centrales en la solución: recursos económicos y tecnología.

No está por demás insistir que es la impunidad lo que propicia los altos niveles de criminalidad. La ausencia o deficiencia de sanción, es un poderoso y perverso incentivo que propicia la delincuencia. También tiene mucho que ver el entorno. Quizás sea una postura muy conservadora y para algunos elusiva, pero la crisis de valores y de las instituciones fundamentales como la familia y la escuela, acompañado del hedonismo, el consumismo y la promoción social de antivalores crea individuos propensos a desentenderse de sus responsabilidades y a la pérdida del sentido de los límites.

La lucha contra la delincuencia debe tener la más alta prioridad, y por ello la idea de pacto social debe centrarse en abatir la impunidad en todas sus expresiones, no solo la que tiene que ver con el ámbito delictivo o penal. Este es un cambio profundo y trascendente que cobra expresión en la vida cotidiana de las personas. Abatir la impunidad es anteponer una conducta cívica como base para una mejor convivencia. Esto empieza en el hogar y se extiende a la escuela; debe manifestarse igualmente en el club social, la iglesia y en todos los espacios de convivencia.

La denuncia  debe ser una de las acciones indispensables para revertir el deterioro de la seguridad. Es un buen ejemplo y una mejor didáctica que la Senadora Ana Gabriela Guevara haga pública su exigencia de justicia y denuncia sobre la violencia que existe sobre la mujer, a manera de mover y conmover a la sociedad para que las autoridades no solo den con los responsables de los hechos, sino para que exista una mayor conciencia pública sobre un problema allí presente y que demanda acciones correctivas en todos los ámbitos, incluyendo, desde luego, la acción penal para quien agreda a una mujer.

La denuncia debe facilitarse. Denunciar no es algo sencillo y práctico, enfrenta burocracias mal preparadas, instalaciones inadecuadas y leyes que complican la búsqueda de la justicia cotidiana. En la mayor parte del país la comparecencia de la víctima ante las instancias de justicia es una experiencia bastante desagradable y en no pocos casos traumática. Debe revisarse todo ello y anteponer la sensibilidad humana y la profesionalización del personal para que quien es víctima no deba padecer más su condición y por el contrario, goce del privilegio de tener todas las facilidades para llevar a la justicia a quienes la agraviaron a ella y a la misma sociedad.

La tarea es compleja. Pero no podemos aspirar seriamente a una mejor realidad en medio del caos y la impunidad.

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