Pluralismo, disenso y unidad


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Liébano Sáenz

Sin minimizar las dificultades actuales y la incertidumbre, así como los riesgos que el presente impone, soy de quienes piensan que el país está ante una gran oportunidad de cambio y transformación. Mi optimismo no se origina en la política o en alguna de las opciones que desde ahora se vislumbran con miras a la renovación de los poderes públicos en las proximidades del horizonte sexenal; las razones para creer en mejores tiempos para México están en la propia sociedad y su dinámica, en lo que hemos ido construyendo en las últimas décadas.

Soy de quienes invocan la unidad, pero no en términos convencionales. Esa, no creo que sea útil ni funcional. La unidad que se requiere es la de propósito, la de identificar un objetivo compartido sobre el cual construir una ruta. La unidad que se necesita debe ser consistente con el pluralismo, la crítica y las libertades. Como la entiendo es una forma de defender lo que hemos logrado, y de acrecentar y potenciar lo que somos y lo mejor que tenemos, que no es poco.

Como tal, la indignación o el miedo son armas de doble filo; pueden llegar a constituirse en una enorme fuerza movilizadora y transformadora, aunque también pueden operar en sentido contrario, esto es,  paralizarnos, prohijar la restricción de las libertades, cerrarle espacios a la tolerancia y hasta ser capaces de destruir la idea de futuro compartido. Los nacionalismos de los países desarrollados y especialmente el de EU ofrecen lecciones dolorosas de cómo lo antisistémico es capaz de promover, impulsar y llevar al poder proyectos que van contra los fundamentos de la civilidad que se acompaña a la democracia liberal. La insatisfacción con el orden de cosas nos debe llevar a cambiar para mejorar, no para destruir, menos para excluir o marginar.

En este ánimo de unidad es preciso que México se reencuentre con lo mejor de sí mismo. En la base social hay fuerza, orgullo y carácter. También en la economía: México es la suma de muchas historias de éxito que por igual incluye a personas, comunidades, así como las pequeñas y grandes empresas. México es una potencia económica que tiene un lugar muy destacado en el mundo por su tamaño y potencial; comparativamente su desempeño no es desastroso, más bien al contrario, sin llegar a ser espectacular. Ocurre no por la política, sino a pesar de ésta. Así, las variables asociadas a la calidad del gobierno nos ubican en lugares muy distantes, inmerecidos a la calidad de la sociedad y de lo que se está haciendo desde la sociedad en la economía. Es momento de insistir: las historias positivas se hacen presente por lo que hacen la sociedad o las personas, no los gobiernos.

Estoy cierto de que México debe volver la vista más a sí mismo y menos a la política. Confiar más en el potencial de sus ciudadanos, de sus empresarios, de sus trabajadores y ver con reserva lo que prometen o se proponen hacer sus representantes y autoridades. No es para ignorarles, sino para que todos entiendan, incluso quienes están en la representación institucional, que la fuerza mayor de la nación está en su gente, en lo que hace y produce, en los hombres que se esfuerzan por mejorar y construir en el día a día un mejor porvenir para sus hijos.

Las debilidades que tenemos como nación están a la vista. La impunidad es el origen de muchos de nuestros problemas. También la complicidad va anulando el potencial transformador a través de las instituciones. Pero insisto, la dinámica social y económica genera su propia inercia y allí está el punto de partida para mejorar y construir un mejor país. Es el cambio más sólido, porque se origina en el cumplimiento que cada quien hace con lo debido, aquello que tiene que ver no sólo con la ley sino con la ética. Es acreditar en los hechos el civismo que de muy jóvenes nuestra generación aprendió de los libros y especialmente del buen ejemplo de nuestros maestros y de nuestros mayores.

Los problemas unen, y para las personas como para las naciones, ponen a prueba la madera de que estamos hechos. México como nunca encara la amenaza que representa un proyecto de gobierno norteamericano claramente hostil al país. La negación de esta dramática y preocupante realidad puede tener un elevado costo. Las autoridades y los políticos lo saben, lo que no queda claro para ellos y para todos es qué hacer frente a esto. Esperar, confrontar, guerra de posiciones, ¿qué hacer? Cada quien puede tener su propia idea; no es simple y el riesgo es elevado. Deberá quedar claro que nosotros somos uno de tantos frentes del nuevo gobierno de Estados Unidos y de la agenda de su presidente, pero también, como se ha dicho, no podemos permitir ser un caso de bajo costo. Justo es lo contrario, y esto es lo que debe ocupar a las autoridades e inspirar las acciones defensivas y ofensivas que como sociedad debamos emprender.

En estos tiempos, los hechos políticos, económicos y sociales pasan con mayor velocidad a la que estamos acostumbrados a reaccionar. El tiempo es una constante, pero no su contenido, no el desencadenamiento de eventos, procesos y acontecimientos. La misma sociedad vive una profunda y acelerada transformación. Todo esto es un gran reto. No solo para gobernar, incluso para convivir, participar y comunicar. La realidad es que no podemos mantenernos en la contemplación; no creo que la mejor actitud sea esperar para ver si el tiempo por sí mismo nos ofrece respuestas o dejar pasar para que sean otros los que decidan. Vivimos en la necesidad de actuar con visión, claridad y sentido de los tiempos.

La sociedad mexicana deberá ser la protagonista del proceso transformador de México. No es una abstracción, sino la manera en la que las personas actúan y participan para ir cambiando y mejorando la realidad. De ser así, la política, la economía y todo lo social habrá de irse transformando para bien. Ciudadanos participativos, demandantes y en actitud constructiva son el mejor sustento para el cambio que debe empezar a cobrar fuerza pronto, como respuesta de la sociedad a los retos que vivimos. Soy optimista. Creo en un mejor mañana a partir de una mejor lectura y una mejor actitud en el presente.

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