Lo disruptivo de Juan Zepeda y Eva Cadena


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Liébano Sáenz

La dinámica de la sociedad representa el desafío mayor de la política. Las instituciones y las formas políticas convencionales, enfrentan hoy día la presión de una exigencia pública mayor en todos los órdenes. La alternancia adquiere relieve, y no solo eso, actores y movimientos inéditos irrumpen el escenario con impacto y éxito. Lo inesperado se ha instalado en la política, y eso compromete las formas y métodos convencionales existentes. Congresos, organizaciones, medios, partidos, legisladores y gobernantes actúan frente a una demanda social sumamente compleja y desafiante. Por su magnitud e implicaciones, es explicable que para algunos la respuesta sea la negación de la realidad imperante, actitud que conlleva mayor descrédito y que hace acrecentar la presión social por el cambio.

Las elecciones en el Estado de México ilustran la nueva dinámica social y política. Hasta hace poco era difícil prever que cuatro candidatos competitivos disputaran el triunfo. El umbral de la victoria es de menos de 30% de los votos. Hoy día, lo más convencional es lo que más dificultad presenta para conectar con el nuevo electorado. Las opciones de alternancia no se dan en el marco del perfil partidario tradicional, a pesar de que el PAN presenta a una candidata de excelencia, sino en propuestas disruptivas: la de Morena y la de Juan Zepeda.

Sin embargo, en la recta final a la elección, Morena pierde fuerza en la medida que acredita que es más de lo mismo. La fuerza de López Obrador y de su proyecto político radica en plantarse como claramente diferente a lo existente, particularmente en el tema de la honestidad. Sus posibilidades se minan cuando del mismo debate y escrutinio público revelan prácticas que hacen que su proyecto se asemeje a lo que existe. Las alianzas abiertas o encubiertas tampoco le ayudan. La duda es si la evidencia o el debate, permeó lo suficiente como para provocar la baja en la estima pública y en la voluntad del elector.

Juan Zepeda es la revelación de estas campañas. Un candidato visto al inicio con desdén por su trayectoria y partido al que pertenece, se hace presente como sorpresa. Posiblemente con dos o tres semanas más de campaña arrebataría mucho de la inconformidad que se canaliza por Morena. Las razones de su éxito son su naturalidad y su capacidad para comunicar en los nuevos términos que la sociedad espera de sus políticos. Un error de cálculo y de confianza de Andrés Manuel minimizarle en sus posibilidades; además, Zepeda creció al momento de subirse al ring del líder más importante de la izquierda, con un debate sin complejos ni concesiones a las que muchos en la izquierda le conceden. Convocarle a declinar a favor de Delfina Gómez tiene implicaciones adversas para AMLO, especialmente por el contenido ético de las alianzas que sí se alcanzaron: la de un sector muy controvertido del magisterio, antes repudiado por López Obrador, y la del PT.

Eva Cadena es otro de los actores que se instala con fuerza en la escena política en los momentos cruciales de las campañas. Igual que Juan Zepeda se le vio con desdén a partir de la evidencia de un video recibiendo dinero. La diputada fue juzgada y sentenciada sumariamente por unos y otros; Morena fue el primero en marcar distancia, no se sabe si como control de daños o como definición de una disputa local al interior de Morena. Su dicho se intentó desacreditar por sus ex correligionarios de la forma más tradicional: que no tiene autoridad moral, que es emisaria del gobernador. Sin embargo, sus señalamientos son atendidos por los medios y por un sector importante de la sociedad, precisamente porque alude a la crisis de los partidos políticos y su vinculación con el dinero ilegal en campañas.

El tema está a la vista de todos: el financiamiento ilegal en las campañas del cual participan todos los partidos políticos. La atención pública no es por lo que ya todos saben, sino porque el problema alcanza a Morena, un movimiento político que ha pretendido establecer un estándar de ética claramente diferenciado a lo existente. Eva Cadena, por su dicho, a pesar de lo comprometedor de la evidencia en su contra, abre el debate a un tema crítico para la democracia electoral que es el financiamiento subrepticio y el doble estándar que se ha instalado en la política de parte de todos, incluyendo a Morena.

Mañana domingo se conocerá el desenlace de los comicios. Nayarit anticipa la vulnerabilidad del partido gobernante cuando la elección se vuelve bipartidista. Coahuila podría dar tránsito por primera vez a la alternancia. Allá, las posibilidades del partido gobernante están en la fragmentación del voto opositor y la mayor expectativa es el desempeño del candidato independiente desdeñado severamente por las encuestas convencionales.

Sin embargo, lo que más atrae es la elección del Estado de México.  Cualquiera que sea el resultado, será muy importante en sus propios términos y también en sus efectos hacia el proceso sucesorio de 2018. No será determinante, gane o pierda el PRI, pero sí tendrá consecuencias en muchos sentidos, no solo en lo evidente, que es el impacto sobre el ganador o el perdedor. Para el caso concreto, Juan Zepeda, no requiere de mucho para acreditarse como uno de los políticos en ascenso en un partido con enormes dificultades. Del PRD ha surgido una opción que sin complejos y con acierto, puede encarar a su mayor competidor y amenaza: Morena y López Obrador. Por su parte, queda claro que las declinaciones de última hora, a las que recurrió Morena son un recurso innoble y un fraude a la ley.

También del Estado de México despiertan los fantasmas que habrán de perseguir en lo sucesivo al proyecto de Morena. Eva Cadena es portadora de un argumento sobre la vulnerabilidad del proyecto alternativo, cuando de ética se trata. El modelo lopezobradorista colapsa con el clientelismo, el financiamiento subrepticio y el nepotismo, defectos que los ciudadanos determinan nada tienen que ver con la modernidad, y sí afectan la credibilidad de una propuesta que, de siempre, ha pretendido presentarse como alternativa a lo existente. Ya se verá en las urnas si el blindaje de López Obrador es suficiente para seguir en esa ruta rumbo al 2018.

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