Desafíos


desafios_2017

Liébano Sáenz

A Javier Tejado Dondé que lee mis textos y me escucha exhaustivamente

El país ingresa a un momento crucial al tiempo que inicia el ciclo sucesorio de la presidencia. Los tiempos electorales y los de la política real, han llegado. Los partidos se preparan, prefiguran alianzas y en su interior se perfilan los procesos para elegir a sus candidatos. En el caso del PRI pronto tendrá su asamblea nacional que será, como todo encuentro de tal naturaleza, un terreno de competencia, debate y acuerdo. Morena y su líder ya han señalado los términos y los sujetos de su coalición electoral. Lo mismo sucede con las dirigencias del PAN y el PRD, los que se pronuncian por un frente amplio opositor.

Las elecciones son espacio de disputa y controversia. De lo que se trata es de movilizar los sentimientos y hasta las pasiones del electorado para concitar apoyo para uno o el rechazo para el adversario. Así es la lucha por el poder en todas las democracias, y es natural que esto genere disenso y polarización. Es tiempo en el que los defectos de los adversarios se ven con aumento y los logros propios se maximizan y resaltan. En algunos casos, a falta de resultados o historia propia, se pretende dar curso a la expectativa de cambio con promesas irrealizables. La circunstancia ahora, por el estado de ánimo de muchos que mantienen una actitud de insatisfacción y enojo con el orden de cosas, es propicia; no sólo a la polarización, sino a propuestas de cambio en el sentido de revertir todo lo realizado, como si ese fuera el origen del problema.

La situación explica por qué en muchas sociedades se da curso por la vía del voto a cambios abruptos con propuestas y proyectos que se alimentan del agravio social que provoca el cambio en curso. Los casos son múltiples, afortunadamente no han sido generalizados y es deseable, por el futuro de la democracia, que no se vuelvan el signo de nuestros tiempos. Los valores de la civilidad como son las libertades, la tolerancia y la coexistencia de la diferencia se ven amenazadas por el arribo del populismo y el espíritu autoritario que le acompaña.

En el país son muchos los desafíos de las autoridades en este nuevo entorno. Por ejemplo, los términos de la vecindad con EU siempre han sido cruciales para el país. A finales del siglo pasado con la suscripción del Tratado de Libre Comercio, se dio un paso fundamental de sana integración y de mutuo beneficio. No lo es todo, pero sí una fórmula virtuosa y muy inteligente, además de constructiva, de hacer de la asimetría social, cultural y económica de las tres naciones, una zona regional de oportunidad y de prosperidad. El balance ha sido favorable para todos. Actualizarlo es necesario, pero ratificando los objetivos que le inspiraron y que hicieron del acuerdo una historia de éxito. El proceso de negociación no será sencillo por la retórica hostil del presidente norteamericano, por el sentimiento de agravio de una parte de la sociedad norteamericana y porque hay sectores económicos poderosos que pueden ver en la negociación oportunidad para mejorar su posición a costa del legítimo interés de las naciones.

Otro pendiente de nuestro tiempo, que no podemos soslayar en el marco de la competencia que viene, es decir, que no es sólo del momento electoral, son los procesos abiertos propios del escrutinio público al poder. Vivimos momentos distintos no solo por los problemas que resultan de las insuficiencias de la política o del gobierno o posiblemente de una mayor exigencia pública sobre lo que se espera de las autoridades. Vivimos una diferente ciudadanía, formas de participación e información, así como una aspiración mayor y diferente de bienestar. Ahora el consenso es precario y difícil de lograr. Las diferencias y los nuevos términos de la exigencia social también tienen un potencial importante de motor para el cambio. El desafío es que este impulso disruptivo tenga cauce y destino virtuoso.

En esta perspectiva ha sido un logro mayor el que la pluralidad haya podido construir un marco de transformaciones institucionales profundas que le dan al país fortaleza y un mejor horizonte. Por el modelo de negociación, los cambios no cobraron fuerza en la base social, pero esto no los hace perder validez ni eficacia. Así, por ejemplo, abrir el país a una mayor competencia en muchos sectores de la economía es probable que al ciudadano común le parezca un tema menor; la realidad es que revertir una situación de monopolios públicos y privados por la vía de la ley es un proceso histórico de gran calado. Ciertamente, que se llegue al objetivo último no es instantáneo ni sencillo, se requiere un proceso largo de adaptación y de concurrencia de voluntades, normas y procedimientos.

Situación semejante puede decirse de la reforma educativa. Su necesidad y pertinencia está fuera de cuestión. Ha sido muy encomiable la postura de la mayoría de los trabajadores de la educación para participar positivamente en este proceso de cambio. Por su contenido y la complejidad del sector no ha sido sencilla hacer realidad la reforma, pero ya es. Hay mucho camino todavía por recorrer para ver su impacto en la calidad educativa, pero es mucho lo que se ha hecho al definir sólidas bases institucionales para el cambio y también en hacer realidad la primera etapa de su realización.

Revertir los cambios sería un error de magnitud histórica. La seducción populista al respecto no es diferente a la del entonces candidato Donald Trump de crear un muro o de echar abajo el Tratado de Libre Comercio. Se puede pensar en hacer ajustes o mejoras de las reformas emprendidas, pero no para revertirlas o pervertirlas en sus objetivos. Todavía peor, por su contenido antidemocrático, sería anularlas simplemente por la ausencia de voluntad del gobierno para cumplir y hacer cumplir la ley.

Los retos que se viven hoy día no son menores, trascienden la competencia electoral y deben dimensionarse y atenderse sin indiferencia o inacción, porque así lo exige la normalidad cambiante de los nuevos tiempos.

 

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