Entre coaliciones y candidatos


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Liébano Sáenz

A diferencia del pasado inmediato, esta vez los comicios presidenciales habrán de ser protagonizados por tres grandes coaliciones. El PRI, con Nueva Alianza y el PVEM. El PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El MORENA con PES y PT. Pero eso no es todo en el nuevo escenario que se nos presenta en 2018. Ahora tendremos candidatos independientes, posiblemente Jaime Rodríguez y Margarita Zavala, y todo ese conglomerado de aspirantes no sólo significa recursos económicos y prerrogativas mediáticas, sino una disputa real por los votos, como nunca antes, en el territorio.

Las coaliciones que se han integrado muestran un acento del pragmatismo por parte del PAN y de López Obrador. En el caso del PRI fue norma para la elección presidencial y en la de legisladores y elecciones locales suscribió coaliciones en la medida en que se incrementó la competencia y la alternancia. En 2000, el triunfo de Vicente Fox ocurre con el respaldo del PVEM, aunque ya en el gobierno no hubo entendimiento, lo que significó que dicho partido buscara nuevo aliado, y lo encontró en el PRI desde 2006. En el caso de Nueva Alianza, desde su fundación, ha mantenido una postura mayormente asociada al PRI, aunque no siempre ha ocurrido así en el ámbito local.

Dos coaliciones han llamado la atención: la del PAN con PRD y Movimiento Ciudadano y la del PES con el Morena. En el primero caso, habrá de recordarse que en elecciones de gobernador, se han celebrado con éxitos notables en Chiapas, Puebla, Baja California, Oaxaca y recientemente en Nayarit. Lo relevante de hoy es que la disputa es en el nivel nacional, y ocurre no por la fortaleza de las dos organizaciones, sino por su debilidad. A pesar de los resultados muy favorables que ha tenido el PAN en elecciones de gobernador recientes, su división interna ha terminado por afectar su posicionamiento ante el electorado. Por lo que respecta al PRD, nadie ignora que quedó a la deriva por la postura de López Obrador en los comicios del Estado de México.

El Partido Encuentro Social, de registro reciente, cuenta con una sólida base social de adherentes. En la elección del Estado de México hizo coalición con el PRI. Su dirigencia ha tenido un manejo pragmático y por igual ha decidido negociar con cualquiera de los partidos grandes. Seguramente resolvió irse con el Morena por los términos del acuerdo en el sentido de postular candidaturas propias. Resultado de la postura del PES en asuntos de la agenda social como son aborto, matrimonio igualitario y adopción para parejas del mismo sexo, ciertos círculos intelectuales y progresistas le han recriminado a López Obrador que haya suscrito acuerdo con dicho partido, sin embargo, no hay registro como gobernante o como candidato que el virtual candidato presidencial del Morena mantenga una postura “liberal” en dichos temas. Seguramente López Obrador está más cerca del PES de lo que muchos de sus simpatizantes advierten.

Pero más allá de intereses y de coyunturas, lo cierto es que las coaliciones se suscriben porque han perdido peso las ideologías y los programas partidarios. Los partidos se encaminan con mayor contundencia hacia objetivos electorales. Ganar el poder es de lo que se trata. Cabe destacar que la coalición del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano han sido más claros de lo que habrían de hacer en caso de que el voto les lleve al poder. Sin embargo, la propuesta más que sustantiva, se refiere a la manera como ejercer el poder o como repartirlo.

Por otro lado, el peso que pierden los partidos se traslada a los candidatos. Son ellos y no los partidos los articuladores del programa. Esto es más evidente en el caso de López Obrador, quien mantiene una postura propia incluso respecto al grupo de trabajo por él designado para preparar el programa de gobierno. Un candidato sin ataduras partidarias pudiera aparecer como un candidato fuerte, sin embargo, esto debe matizarse con una propuesta racional, viable y bien estudiada. Esta es una debilidad más que fortaleza de López Obrador, respecto a Ricardo Anaya y especialmente en relación a José Antonio Meade. Un candidato que promete sin cuidar los términos de su compromiso, se vuelve vulnerable en la medida en que se incrementa el escrutinio y el debate. Quedará por verse si López Obrador tendrá una postura dispuesta al debate o, como ocurrió en la campaña de 2006, habría de excluirse del mismo.

En el horizonte de la elección, los candidatos presidenciales independientes pueden ser disruptores del sentido convencional del debate. Pueden capitalizar el descontento con los partidos y las formas convencionales de ejercicio del poder, pero también resultarían poco creíbles en la medida en que se les viera aislados en la contienda y particularmente sin músculo legislativo.

Los candidatos presidenciales resultan “cuerpeados” no tanto por la estructura partidaria, sino por las campañas que realizan sus correligionarios en elecciones concurrentes. Para el Morena, ser competitivo en la Ciudad de México, Estado de México, Tabasco y Veracruz, es insuficiente, requiere una mayor horizontalidad. Para el PRI resulta crucial la selección de candidatos competitivos para cada uno de los cargos de elección. No puede ceder a la confianza en ninguno de las candidaturas, en ninguna de las contiendas. Esa es su fortaleza y así la debe articular a manera de mantenerse competitivo en todo el territorio nacional.

Para el Frente del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, es un reto mayor la definición de candidaturas; un acierto en la materia los puede meter de lleno en la competencia. Hay algunos territorios en los que PAN y PRD concurren con igual fuerza, allí es donde debe haber un criterio que privilegie la competitividad.

Candidatos, partidos y coaliciones resultan buenas intenciones pero una realidad sumamente compleja al trasladar al territorio los términos de la competencia. Lo que a muchos les parece más o menos claro en la perspectiva nacional; se vuelve incierto al considerar la dinámica local y regional. De modo que la coalición que mejor articule las múltiples realidades del país, es la que tendrá mejores posibilidades de éxito. Yo por mi parte, tomo esta última línea para desearles a mis lectores un excelente 2018, con un mundo lleno de oportunidades.

 

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